Bitácora 1
“Mutilación de los genitales femeninos en Comunidades Indígenas” (ONU,
2016)
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| Figura 1: Tomada por David Lazar |
Coyuntura Actual
El día número ocho del presente mes, los líderes locales, entidades del
Estado y organizaciones internacionales se unieron para estimular que grupos
indígenas abandonaran prácticas de mutilación de los genitales femeninos, ya
que ésta es reconocida internacionalmente como una violación a los Derechos
Humanos. (ONU, 2016) Esta práctica se ha detectado en América Latina y se han
registrado más de 102 casos en diferentes países, incluyendo a Colombia.
Según la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), en Colombia
uno de los pueblos indígenas más representativos de esta práctica es el pueblo
indígena Embera. Ellos consideran esta es una práctica “que existe desde hace
muchas generaciones. practicada las abuelas, sus abuelas y ha pasado de
generación en generación. Está especialmente muy arraigada en regiones muy
aisladas, que no acceden al sistema occidental de salud.” (Centro de Noticias
ONU, 2016).
La Organización de Naciones Unidas (ONU) se ha propuesto, en la Agenda
del Desarrollo 2030, erradicar este tipo de práctica en nuestro país. Según
Tobón Yagarí, representante de la ONU en Colombia, “En Colombia es necesario
que el Gobierno ponga en marcha el Plan sobre la Erradicación de Prácticas
Nocivas que Atentan contra la Salud de las Mujeres Indígenas, que fue una
propuesta hecha desde las organizaciones indígenas y que fue aceptada por el
gobierno en el Plan Nacional de Desarrollo, con el fin de fortalecer su
capacidad institucional y respuesta para que podamos empezar a avanzar en
Colombia en la intervención de la mayoría de comunidades indígenas”. (Centro de
Noticias ONU, 2016). A manera de conclusión, la ONU pidió que se les asegurará
los Derechos a las mujeres pertenecientes a estas etnias para así garantizar
una paz sostenible en Colombia.
Por otra parte, en el presente mes el espectador entrevistó a Alberto Wuazorna Bernaza, consejero mayor de la
Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), y miembro de la comunidad
Embera Chamí, quien denoto que esta práctica era desconocida por algunos
miembros de la comunidad y que no eran conocedores que era practicada en algunas
zonas del país. Del mismo modo, al percatarse esto algunos líderes en
colaboración de identidades nacionales y junto a Naciones Unidas, iniciaron un
proyecto con el fin de acercarse a las zonas donde era practicada la
mutilación, lo cual relata no fue muy fácil de abordar no solo por el tema
privado de la sexualidad sino por la tradición que se transmitía por medio de
las parteras, sin embargo finalmente lograron hacer una gran labor educativa en
ciertas zonas de Risaralda donde era más fuerte la presencia de esta práctica.
Lo que conllevo a que se creara un movimiento Embera basado en principios como
la vida el respeto y el derecho. De este manera, se destaca el avance de la
lucha de la comunidad Embera por erradicar la práctica además las cifras de la
defensoría del pueblo muestran que en los últimos ocho meses no se han
presentado casos de ablación o mutilación.
De la misma forma, El Nuevo Herald presenta el actual pensamiento que tiene
el pueblo Embera sobre la erradicación de esta práctica cultural. Basado en
ello, es preciso decir que la incorporación de las Naciones Unidas dentro de
las comunidades indígenas, ha favorecido el desarrollo de proyectos en pro de
prevalecer la salud y ha disminuido los casos de fallecimiento. Así mismo, se
aclara que el trabajo constante de esta institución se ha basado desde el
momento de la muerte de dos niñas de la comunidad las cuales tuvieron
diferentes infecciones al ser víctimas de extracción del clítoris. Hoy en día,
gracias a ese acontecimiento es posible el conocimiento de este patrón cultural
el cual ha sido considerado como el primer caso que se presenta en América
Latina sobre la mutilación de genitales femeninos.
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| Figura 2: Niña de etnia Embera Katio |
El 6 de febrero del presente año, se realizó una exposición con los
retos a nivel mundial que confronta la erradicación de estas prácticas en
Colombia, conmemorando el día Internacional de la Tolerancia Cero con la
Mutilación Femenina Genital. Para ello Colombia debe generar políticas que
garanticen derechos a las mujeres, como la igualdad de género, derecho a una
educación sexual, salud pública para estas comunidades y la no violencia contra
la mujer, dando cuenta que en estas comunidades hablar de sexo es un tabú, así
mismo su cultura, la falta de apoyo y el no conocimiento los lleva a la no
protección de la integridad y salud de las niñas y adolescentes, presentar un
sistema de educación sexual alrededor de los pueblos indígenas tanto a hombres,
mujeres y ancianas que son las que ejercen de parteras y transmiten esta
tradición, para que estas personas se instruyan y concienticen sobre las
problemáticas que conllevan sus costumbres sexuales, incluir a las sociedades
indígenas y cumplir con el PLAN NACIONAL PARA LA
ERRADICACIÓN DE PRÁCTICAS NOCIVAS PARA LA VIDA Y LA SALUD DE LAS MUJERES
Y NIÑAS INDÍGENAS la salud de las mujeres y niñas indígenas y por último,
llegar un censo de los lugares y comunidades que realizan estas prácticas a
nivel nacional.
La divulgación de estas noticias con el marcado elemento de la mejor de
la asepsia y la calidad de vida en mujeres visitadas por los organismos
internacionales que quieren erradicar esta práctica, podría llevar a la
legitimación de la omisión de la misma, y una de las preguntas más neurales
sobre el tema debería estar enfocada a cómo las comunidades legitiman, por una
lado, la práctica propiamente dicha, y por otro lado, la intervención para la
prohibición de la práctica que utiliza argumentos de derechos y salud no
necesariamente vinculados a las comunidades practicantes.
Marco Teórico de Apoyo:
Según Benedicte (2008,pág.1), debemos comprender de forma antropológica
lo que conlleva en una cultura la práctica de la ablación femenina, de acuerdo
con esto la investigación nos presenta que esta práctica es una norma social
dentro de los pueblos que la practican, es por esto que el no ejercicio de esta
acarrea sanciones sociales dentro de la cultura, este procedimiento suele ser
realizado a niñas de 4 a 12 años o a pocos días de haber nacido, esto varía
según el pueblo que lo practique (Innocenti en Benecti, 2008. Pág. 3).
Según la Organización Mundial de la Salud entre 100 y 140 millones de
mujeres y niñas han sido objeto de una ablación genital, y unas 2 millones
corren el riesgo de sufrirla cada año. Sin embargo, cabe destacar que
dependiendo del pueblo se realiza un tipo diferente de ablación, han sido
reconocidas cuatro tipos de procedimientos para no extendernos en el tema no
las abordaremos.
Las consecuencias
inmediatas más comunes son los fuertes dolores, hemorragias, e incluso la
muerte, a raíz de las hemorragias. A medio y largo plazo, la mujer o niña puede
padecer infecciones superficiales de la herida o infecciones generales de la
sangre, debido al uso de instrumentos no esterilizados o contaminados. También
puede padecer diversos trastornos renales, como retenciones de orina, o en el
caso de la infibulación, dificultades para orinar, y trastornos menstruales… En
cuanto a los efectos psicológicos, la pérdida de sangre, el dolor y el miedo
pueden generar traumas importantes durante el acto y llegar al estado de shock
médico, o provocar luego desórdenes psicológicos y psicosomáticos tales como
angustia, alteraciones en los hábitos alimentarios, el sueño y el humor, o cognición
(Innocenti en Benecti, 2008 pág. 11).
Por otra parte, se explica que las razones más frecuentes están
relacionadas con control de la sexualidad de la mujer ya que se piensa que una
mujer a la que se haya practicado la ablación es una mujer pura y garantiza su
fidelidad. Además, se piensa que tener a su hija sin
"circuncidar" es una vergüenza y llevaría a ser socialmente
excluidos.
Posteriormente, Benedicte (2008) concluye que las razones anteriores se
fundamentan en consideraciones de género, y por lo tanto en construcciones
sociales que atribuyen ciertos comportamientos y funciones a las mujeres, que
son en realidad discriminatorias. De acuerdo con lo expuesto anteriormente (Benecti.
2008 pág. 11) los motivos, así como las circunstancias en la que se práctica y
sus consecuencias que hacen de la ablación o mutilación genital femenina una
práctica inaceptable desde la perspectiva de los Derechos Humanos.
Desde otra perspectiva, Marrugo (2014) en estudios relacionados al
género, niñez y criminalidad contempla la necesidad de analizar la responsabilidad
patrimonial del estado frente a la Jurisdicción especial indígena que acepta
las mutilaciones sexuales femeninas como una práctica histórico-cultural.
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| Figura 3: Tomada de Ojos de Hípatía |
Para contextualizar la significancia del concepto de Ablación o
Mutilación Genital Femenina (A/MGF), se recogió de definición asignada de la
Organización Mundial de la Salud, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
y Fondo de la Población de las Naciones Unidas de 1997, que refiere a que esta
práctica multicultural “Comprende todos los procedimientos quirúrgicos que
conllevan a la ablación parcial o total del aparato genital externo, u otro
tipo de lesiones, en los órganos genitales de la mujer por razones culturales o
no terapéuticas de otro tipo” (Marrugo, 2014, pág.3).
En esta medida, la Naciones Unidas en 1995, identificó los 4 tipos de
desarrollo de la Mutilación Genital Femenina otorgados por (Kaplan & López,
2010). En primer lugar, se alude a la circuncisión en otras palabras, “la
eliminación del prepucio clitorídeo, universalmente conservando el clítoris”
(López, 2010). En segundo lugar, se insinúa la escisión “resección total del
clítoris y puede incluir el corte de los labios menores y mayores” (López,
2010). En tercer lugar, se menciona la infibulación “sellamiento de la abertura
vaginal, mediante la recolocación de labios menores, dejando dos orificios
exclusivos para la sangre y la orina” (López, 2010) y finalmente, en cuarto
lugar se clasifican los otros métodos no quirúrgicos como lo son la perforación
y la introducción de sustancias tóxicas dentro de los genitales.
No obstante, señala (Marrugo, 2014, pág.37) que el Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia en el 2004, analizó que dicha práctica se desarrolla y
se acepta con base a los siguientes pensamientos culturales:
- Aspecto social: Alude al patrón cultural
-rito- del cambio de etapa infantil a la adultez, que conlleva mayor
participación e integración dentro de la comunidad; también es aceptada
como reconocimiento a la herencia filial.
- Aspecto Religioso: Normalmente, diferentes
culturas tienen la falacia de que es una regla divina para preservar la
inocencia.
- Aspecto Higiénico y Estético: Se estigmatiza que la mujer
quien no ha sido mutilada, es porque es impura y esto conlleva a inhabilitarla
de utilizar bebidas y alimentos. Así mismo, se mutila con el fin de causar
un estado atractivo en el sexo masculino, puesto que se considera los
genitales antiestéticos.
- Aspectos Sexuales: Se fundamenta en emitir un
control sobre la mujer, con el fin de aguardar la virginidad y la
fidelidad, ya que esto incrementa el honor de la familia y aumentar el
placer sexual masculino.
- Aspecto de la Salud: Algunas ideologías
religiosas, adoptan la postura de que la mujer mutilada es más fértil, y
que a su vez este método proporciona menos dolores durante el parto.
- Otros Aspectos: En esta dimensión, se
contemplan los factores de facilitar la fecundación y de impulsar el
bienestar de las niñas.
ANÁLISIS INTERDISCIPLINAR:
Desde el punto de vista psicológico, es relevante mencionar que la
erradicación de la práctica cultural sobre la mutilación de los genitales de las
mujeres, beneficia primordialmente el derecho a la salud ya que, permite al
individuo su desarrollo corpóreo de manera natural, y una libre selección de su
sexualidad y maternidad. Desde el punto de vista cognitivo-conductual favorece
al reconocimiento propio de la identidad, lo que le permitirá una nueva
modificación de los preconceptos adquiridos por la etnia y una evolución en los
mapas socio cognitivos al incorporar una gama de conductas que antes eran
reprobadas y que ahora, serán fundamentales para la creación del rol tanto
individual como social.
La presión social y familiar es evidenciada claramente en estas niñas, “Así
los testimonios personales refieren episodios de temor e inseguridad respecto a
la vivencia de sus cuerpos y la sexualidad, entre otros’’ (Rosa Belén, s.f.),
teniendo en cuenta que esta práctica trae honor a la familia.
Los inconvenientes físicos y de salud que se presentan posteriormente a
la mutilación, tienen consecuencias psicológicas y afecta su cotidianidad social,
“Quistes, esterilidad, hemorragias, infecciones vesicales
y urinarias, son algunos de los efectos colaterales de la ablación’’ (D. Franco,
2015). Son algunas de las afecciones que se presentan a la hora de ejecutar la
práctica y que puede concluir en enfermedades de por vida que determinan un
cambio de rutina y estilo de vida.
Esta práctica de la ablación incorpora valores sociales dentro de la
cultura como son la representación del género femenino y sus roles dentro de la
sociedad y familia, y por el contrario alrededor de las mujeres que no se les
practica este procedimiento hay una segregación social de parte de la comunidad
ya que se les considera como impuras, la representación y significación de la
mujer dentro de estas culturas está totalmente ligado a las prácticas sociales.
Así mismo el paso más importante para dejar estas prácticas, es la
socialización y concientización, de que esta costumbre va en contra de los
derechos humanos de las niñas, “En esos años nos
tocó hacer mucho trabajo con docentes, indígenas, enfermeros, gobernadores verdéales
y autoridades mayores”. Wuazorna Bernaza, consejero mayor de (ONIC).
Para hablar desde una perspectiva histórica, primero es necesario hablar
de las implicaciones que el estudio de prácticas culturales tiene según
diferentes enfoques de la disciplina; una de las debilidades de la Historia
como disciplina (excluyendo a los movimientos de Historia cultural e Historia
de las mentalidades nacida en la escuela de los Annales en Francia) es, tal
como lo menciona N. Elías en la introducción de su libro “la sociedad
cortesana”, un enfoque excesivo hacia el individuo y la historia político-militar
(Elías, 1996), además fundamentada fuentes escritas o monumentales (Droysen,
1983), lo cual excluye de su estudio, por lo menos en una visión positivista, a
culturas que no posean una organización documental o monumental que les permita
conocer sobre la historia, por tanto, el ámbito cultural, y más tratándose de
una sociedad indígena, quedaría relegado a otras disciplinas, sin embargo,
entendiendo lo inoperantes que son los postulados del positivismo en la
actualidad, y la gran apertura metodológica y temática que en el siglo XX tuvo
la Historia, sobre todo gracias a los avances de las generaciones de los
Annales Franceses desde los 20’ hasta los 80’ (Aurell, 2005).
Si bien las corrientes de Historia cultural y de las mentalidades
permite cualquier tipo de producción cultural como fuente, y la utilización de
la memoria (una rama a-científica de la Historia) dan cabida al relato oral,
ninguna técnica o metodología permitiría establecer un juicio de valor, pues no
es materia de la Historia; uno de los postulados de la Escuela Prusiana del
siglo XIX, en oposición a la idea de Zeigeist de Hegel y a la teoría de los
estadios sociales de Comte, fue hablar del desarrollo de los pueblos como un
“color específico”, disposiciones propias de los pueblos que determina hacia
qué dirección avanzan (aún se maneja la idea de progreso desde la Historia
lineal), bajo esta lógica las poblaciones indígenas que practican la ablación
genital femenina podrían dejar de hacerlo sin la sugerencia y la influencia del
Estado, y seríamos testigos de un cambio diacrónico en la historia de sus
costumbres, ahora, notablemente, con la intervención del Estado y de los DD.HH.
asistimos de igual manera a un cambio, pero esta vez con un influjo
determinantemente occidental (como lo es la idea de Derechos Humanos) en el
color específico de una sociedad.
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